Los cuartos de baño y todos sus componentes, como las bañeras, las duchas, retretes y muebles de baño nos resultan muy familiares en la actualidad. De hecho, no hay hogar, por pequeño que sea, que no cuente con un espacio reservado especialmente para esta estancia. Pero no siempre ha sido así, ya que hubo un tiempo que hasta los propios doctores creían que el agua era perjudicial para la salud. ¿Os imagináis que una persona no se duche en 7 años, como le sucedió al rey francés Luis XIII, y aún así sea considerado una persona limpia para la época?

Por suerte esa costumbre ha quedado atrás, principalmente por el descubrimiento de las causas de las principales epidemias que asolaron las grandes ciudades del siglo XVIII y XIX.

La historia de la higiene personal

Situarse frente al espejo del cuarto de baño mientras nos peinamos y abrir las puertas de los muebles de baño, donde almacenamos todo tipo de productos de higiene personal es un acto cotidiano. Pero décadas atrás, la realidad era muy distinta.

  1. La higiene tradicionalmente ha sido cosa de dioses: de hecho, la propia palabra proviene del nombre de la diosa griega Higea, protectora de la curación, la limpieza y la salud. A pesar de que en Egipto ya se utilizaban perfumes corporales y plantas aromáticas para los genitales, la primera bañera no se construyó hasta el 1700 aC, en la Antigua Grecia. Por supuesto, todo este tipo de lujos solo estaba reservado a las clases más altas de la sociedad.
  2. La llegada de los romanos supuso un cambio de tendencia que ya se había iniciado en Grecia. Los acueductos y toda la ingeniería romana supusieron un gran avance en el abastecimiento de agua para la sociedad. De hecho, la utilización de forma regular de las termas públicas era un hábito muy extendido.
  3. Tras la cristianización del Imperio Romano, una nueva cultura se impuso: la Iglesia, obsesionada con los pecados carnales, creía que mantener unos hábitos de higiene regulares significaba un excesivo culto al cuerpo y a los pecados del mismo.
  4. La Edad Media, como en casi todos los aspectos culturales, supuso una etapa negra para la higiene. Se creía que el agua era perjudicial para la salud porque quitaba de la piel la capa de suciedad protectora que la cubría, abriendo los poros y facilitando la entrada de enfermedades. Esta creencia estuvo vigente durante varios siglos, e incluso era recomendada por los mejores doctores de la época.
  5. Los siglos XV, XVI y XVII no supusieron un avance a pesar de las mejoras científicas y la urbanización. De hecho, la creencia de que el agua era corrosiva y facilitaba la transmisión de las graves epidemias que asolaban seguía vigente.
  6. La limpieza en seco, aunque suene paradójico, se puso de moda durante gran parte de los siglos XVIII y XIX. Según los expertos de la época, era mucho más higiénico utilizar prendas de color blanco porque quitaban la suciedad de la piel. Por eso, cambiarse regularmente de camisa facilitaba la limpieza. ¿Y los pobres, qué?
  7. Las apariencias engañan, y durante mucho tiempo los aristócratas disimulaban los malos olores con perfumes y pelucas.
  8. A partir del siglo XX se empieza a comercializar el jabón, conscientes de la necesidad para mejorar la salud y también como hábito de vida saludable. Desde entonces, se dice que la publicidad y el jabón han ido de la mano.

En conclusión, la higiene, a pesar de no haber sido todo lo importante que debiera en épocas pasadas, ha alcanzado el grado de importancia que le corresponde en la actualidad. Además, gracias a ella se han podido desarrollar otros sectores que también se han beneficiado económicamente, como el del diseño de muebles de baño, grifería, lavabos y otros elementos imprescindibles del cuarto de baño. Y ahora, ¿qué piensas sobre la higiene?

More...